Los Premios Oscar es una cita imperdible para los amantes del cine. Un servidor, Nicolas Valentin, es uno de ellos. Esta ceremonia es todo un evento para seguir al detalle y, por lo tanto, la culpable de las ojeras de muchos que debemos madrugar para trabajar al día siguiente.

 

La 90 edición de los Premios de la Academia de Cine de Estados Unidos fue la consagración de la película del año, ‘La forma del agua’, un drama fantástico dirigido por el director Guillermo del Toro. Después de verla en el cine, comprendo los halagos y los reconocimientos que ha recibido a nivel internacional. Es la película más romántica, bella y apacible del director mexicano.

 

La otra cara de la moneda fue ‘Tres anuncios en las afueras’, de Martin Donagh. Llegaba a la cita como una de las grandes favoritas optando a siete estatuillas: finalmente solo consiguió alzar dos, el Oscar a la Mejor Actriz que recibió Frances McDormand y el de Mejor Actor de Reparto para Sam Rockwell.

 

No voy a mentir. Mi favorita para esta edición era la película de Donagh. Me pareció una obra fascinante: un guion auténtico, un reparto de excepción y unos diálogos brillantes. Es un western moderno protagonizado por una mujer dentro de un relato en el que aparecen grandes dosis de humor. Una cinta que recomiendo ver totalmente.

 

Jimmy Kimmel, que presentó la ceremonia por segunda vez, no puedo empezar la gala de otro modo que no fuera recordando el gran equívoco del año pasado en el que Faye Dunaway y Warren Beatty nombraron vencedora del Oscar a la Mejor Película por error a ‘La La Land’ en detrimento de ‘Moonlight’, que tras el esperpéntico momento recogió la estatuilla.

 

Una mención especial merece Gary Oldman, que por fin se proclamó como uno de los mejores actores de su generación gracias a ‘El instante más oscuro’ interpretando a Winston Churchill. Un premio más que merecido tras una larga trayectoria participando en grandes producciones dando vida a personajes formidables. El actor inglés recogió su galardón como Mejor Actor Protagonista de manos de Jane Fonda y Helen Mirren.

 

Una reflexión de Nicolas Valentin sobre los Oscars 2018

 

Si podemos poner algún pero a esta ceremonia, es el papel que Jimmy Kimmel en la presentación de gala y, especialmente, en su discurso de apertura. No fue excesivamente crítico ni mordaz con algunos de los temas que han copado las noticias en todo el mundo y que además tienen una relación estrecha con la Academia, como el escándalo de Harvey Weinsten o la brecha salarial entre hombres y mujeres.

 

Kimmel pasó casi de puntillas sobre temas especialmente delicados y que necesitan una mayor concienciación y visibilización. En pocas palabras: se limitó a cumplir recordando las diferentes problemáticas sin entrar demasiado en contexto. Los Premios Oscar son una ventana al mundo, todo el mundo mira, por lo que era una ocasión perfecta para ahondar sobre diversos asuntos y para lanzar un mensaje directo a todas las personas que seguían la ceremonia. En todo caso, una oportunidad perdida para mí.

 

La Academia sigue sin dar los pasos hacia adelante que por institución y por lo que representa debería haber dado hace años. No puede encerrarse en sí misma. Todo el mundo disfruta con el cine y con lo que propone Hollywood. Es hora también de que Hollywood contribuya decididamente a tener una sociedad más justa e igualitaria.

 

 

La pequeña aportación de Nicolas Valentin a la crítica de los Oscars
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